Ciudad de México, a 10 de septiembre de 2020.- En México, si bien ha habido un avance en la inclusión financiera de la población, persisten brechas entre hombres y mujeres, así como entre regiones, estados y municipios del país, que limitan impulsar el desarrollo de las comunidades y avanzar en el logro de los objetivos de la Agenda 2030. Lo anterior, de acuerdo con los hallazgos del estudio Los servicios financieros en México con perspectiva de género: Avances y áreas de oportunidad presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México.

El estudio es un diagnóstico del fenómeno de inclusión y de salud financiera en México y busca que las y los tomadores de decisión cuenten con información para diseñar e implementar políticas públicas o iniciativas de inclusión financiera que permitan aumentar la resiliencia e impulsar el desarrollo sostenible de las comunidades.

El evento virtual de presentación contó con la participación de Lorenzo Jiménez de Luis, Representante Residente del PNUD en México; Daniela Vallarino, Oficial a.i. de la unidad de Desarrollo Social y Económico; y Mariana Villasuso, Coordinadora del Proyecto del Modelo de inclusión financiera.

En su participación, el Representante del PNUD en México dijo que como parte de esta iniciativa se busca sensibilizar a la población sobre la necesidad de un mejor y mayor acceso a herramientas e instrumentos financieros, para que las finanzas tengan un poder transformador en materia de género que corrija la desigualdad palmaria. “El esfuerzo que tenemos que hacer es descomunal. Es clave facilitar el acceso a servicios y herramientas financieras para las mujeres, protagonistas de un enorme papel en la productividad de la sociedad, tanto en actividades remuneradas como en términos de trabajo doméstico. Tenemos que abordarlo con rigor”, concluyó el Sr. Jiménez de Luis.

A nivel mundial, se estima que 65% de las mujeres tienen una cuenta bancaria, en comparación con el 72% de los hombres. En México, esta brecha es de 8 puntos porcentuales, es decir, solamente el 33% de las mujeres tienen una cuenta bancaria, mientras que el dato para los hombres es de 41%.

El estudio del PNUD señala que, en el país, si bien se ha logrado avanzar en disminuir la brecha de género en inclusión financiera, todavía hay bajos niveles de participación por parte de las mujeres en el sistema financiero formal. Por ejemplo, solamente el 36% de las mujeres en localidades urbanas tienen cuentas transaccionales de ahorro, a diferencia del 48% de los hombres.

Las brechas entre estados también son visibles. Por ejemplo, las entidades federativas del Occidente y Bajío (Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Querétaro, Zacatecas, Colima) y del Centro Sur y Oriente (Estado de México, Hidalgo, Morelos, Puebla, Tlaxcala, Veracruz) son las que presentan un mayor rezago en la materia, considerando que solamente 5 de cada 10 personas o la mitad de su población tiene acceso a, por lo menos, un producto financiero; comúnmente a una simple cuenta transaccional.

Por su parte, al igual que el promedio nacional (62%), 6 de cada 10 de los y las habitantes de los estados del Noreste (Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas), Ciudad de México y el Sur poseen por lo menos un producto financiero. Y, en el caso de los estados del Noroeste (Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Durango, Sinaloa, Sonora), son 7 de cada 10 personas las que tienen por lo menos acceso a un producto financiero.

En materia de digitalización, el estudio señala que, aunque la industria FINTECH ha crecido de manera exponencial en los últimos años, la inclusión financiera por esta vía está aún centrada en la provisión de crédito, en el fondeo colectivo (crowdfunding) y en los medios digitales de pago; por lo que existen pocas o nulas opciones para lograr insertar a las mujeres por la vía del ahorro, que es el primer paso en el eslabón de inclusión financiera.

Modelo de inclusión finaciera

En el marco del evento, el PNUD lanzó el Modelo de Inclusión Financiera (MIF), una iniciativa que busca aumentar la resiliencia financiera de 250 mujeres de comunidades semiurbanas del Estado de México e Hidalgo, a través de capacitaciones de educación financiera y del acceso a un producto digital de ahorro.

Las capacitaciones de educación financiera contemplan 10 módulos y son innovadoras, ya que se transversalizó la perspectiva de género y se incorporaron elementos de economía del comportamiento. Asimismo, los materiales de capacitación se desarrollaron en el marco de un Grupo de Trabajo integrado por 12 organizaciones: PNUD, Citibanamex, Banco del Bienestar, Condusef, El Buen Socio, Microsoft Philanthropies, ProMujer, Yo quiero, yo puedo, Inmujeres, Kubo Financiero, las cajas de ahorro alemanas (Sparkassenstiftung für internationale Kooperation) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Por otro lado, el producto digital de ahorro lo otorgará Kubo Financiero, el cual consiste en una tarjeta de débito y una cuenta de ahorro digital a plazo fijo con condiciones especiales para este proyecto.

La presentación del estudio estuvo seguida de una mesa de discusión en la cual participaron Marco Antonio del Río, Director General de Acceso a Servicios Financieros de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores; Vicente Fenoll, CEO de Kubo Financiero; y Mariana Carmona Ambriz, experta en inclusión financiera.

En el panel, Mariana Carmona mencionó que es importante usar tecnología para diseñar productos que no cuestan tanto y que cliente puede adaptar a sus necesidades.

Sobre el documento, Marco Antonio del Río comentó que las mujeres suelen gastar mayor parte de sus ingresos en salud y educación, para los miembros de su familia. También, a ahorrar más ante contingencias. De ahí, importancia de su inclusión financiera.

En ese sentido, Vicente Fenoll mencionó que es necesario masificar, flexibilizar temas regulatorios, puntos de vista de la empresa y que comercialmente, la información sobre los servicios llegue de forma clara a la gente.

Para el PNUD, el enfoque de género en la inclusión financiera debe aspirar a transformar las condiciones socioeconómicas de las mujeres, a fin de que se construya un sistema financiero que transforme las condiciones de género. Esto es, crear sistemas financieros equitativos con acceso y uso de servicios que les permitan a las personas (hombres y mujeres) superar limitaciones, mejorar medios de vida y circunstancias. Las finanzas transformadoras de las condiciones de género tienen como punto de partida definir lo que un hombre y una mujer poseen (activos, recursos, ingresos), realizan (acciones y decisiones) y son (papeles y posiciones), a fin de desafiar las desigualdades inherentes a los sistemas sociales y financieros.

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